| Obituario de Miguel Alemany |
El fallecimiento de Miguel Alemany Calasanz priva a Alboraya de su memoria viviente, del ciudadano que acumulaba recuerdos, sabiduría y ambición por recopilar todo aquello acaecido y por suceder en su municipio natal. Alemany formaba parte de esa estirpe de aficionados a las crónicas que, de manera autodidacta, relató los acontecimientos de su población en diversos medios de comunicación.
Su carácter jovial y cercano y su conocimiento del entorno le convertían en fuente de información portentosa para cualquier periodista que quisiera redactar algún artículo sobre las costumbres o el día a día de su localidad. Recuerdo cuando me lo presentó Enric Riera, director del Periódic d´Alboraia, en los albores de este medio de comunicación local y de los noventa. Esa publicación mensual, editada por el Ayuntamiento, centró su atención, desde el principio, en los entresijos vecinales, en las raíces del municipio.
Miguel Alemany resultó uno de sus colaboradores más eficientes. Tanto en la redacción como, sobre todo, en el asesoramiento. Por su extroversión y, principalmente, por su capacidad para captar cualquier detalle del medio en el que se desenvolvía, le llamé en incontables ocasiones con el fin de pedirle consejos, nombres de protagonistas de hechos concretos o teléfonos. Casi siempre me proporcionaba ipso facto los datos. No sólo eso, sino que también sabía que podía contar con su complicidad para acompañarme, proporcionarme los antecedentes del personaje o de la festividad de la que se tratara y presentarme al futuro entrevistado.
Como afirma el periodista local Agustí Hernández en el obituario publicado en la edición de l´ Horta de Levante-EMV, “Miguel Alemany fue la persona que consiguió que el diario municipal fuera sentido como propio por mucha gente”. Sin duda.
Compartió pasión por la transmisión de las tradiciones y las vivencias locales con Miguel Senent, que ejerció de cronista oficial. Cada uno tenía su estilo y sus peculiaridades pero sabían compaginarse.
Alboraya pierde a un ciudadano ilustre con la muerte de Alemany. Formaba parte de esa generación ya de octogenarios que durante décadas sembró los periódicos de crónicas cuando no había facultades de periodismo y el perfil del corresponsal del pueblo respondía al de una persona informada (aunque no formada) y con una pasión desbocada por transmitir. Cuando la devoción y el entusiasmo se imponían a cualquier atisbo de profesionalidad. Justo es reconocer su altruismo informativo y, sobre todo, el legado que deja a sus vecinos y a los medios de comunicación en los que colaboró.
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