| Un año de desolación en Haití |
Haití cumple un año asentada como noticia continua. Hasta que un terremoto acabó con la vida de entre 250.000 y 300.000 personas –las cifras, en un país sin censos fiables, resultan imposibles de precisar- las miserias y penurias del pequeño país centroamericano pasaban desapercibidas para la humanidad. El rostro caribeño y animoso de su vecina República Dominicana siempre acaparaba las miradas. Belleza tropical frente a sórdida pobreza. No hay color para el observador aprehensivo.
Pero ese seísmo que dejó sin habitáculo a más de un millón de personas cambió la dimensión de Haití y la transformó, ahí es nada, en noticia de interés mundial. Así se ha mantenido durante un año. Cierto que el trabajo de miles de organizaciones no gubernamentales no pasa desapercibido. O no debería, porque en las inundaciones de Pakistán apenas ha logrado captar la atención internacional durante unas semanas.
Haití ha concitado una especie de revolución de la conciencia. Un decir basta ya, tanto no podemos abandonar a nuestros congéneres menos afortunados. Porque la desgracia se ha cebado en exceso con ellos. Como si hubieran sufrido las siete plagas de Egipto. Una epidemia de cólera que extinguió más de 3.000 vidas ha rematado a este depauperado país.
Todo ello lo ha convertido en una especie de símbolo moral, de dolor en el alma colectiva. Hasta la denominada comunidad internacional se ha atrevido a desautorizar las elecciones a presidente. Un hecho insólito en un país carcomido hasta la médula por una corrupción que, tradicionalmente, quedaba impune.
Lo dicho, Haití hace un año que sufrió su devastador terremoto. Ha pasado una eternidad informativamente. Pero desde entonces hasta ahora esta diminuta y arrinconada nación ha logrado un hecho casi insólito: mantenerse como noticia de actualidad y no desaparecer de la parrilla. Ojalá que continúe mucho tiempo así. Por lo menos el suficiente para que llegue más ayuda humanitaria y como mínimo una parte de ella se reparta entre quien más la necesita.
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