Cinco céntimos más, como cada año. Ha sido la subida que, sin sonrojarse lo más mínimo, ha anunciado el concejal de Circulación y Transportes de Valencia, Alfonso Novo, para el billete del autobús urbano. Ya cuesta 1,30 euros. Bueno, este precio lo pagará el usuario individual a partir del 1 de agosto, para que pase más desapercibida la medida recaudatoria. Ésta y la subida de 95 céntimos del clásico bonobús, que ya andará por los 6,95 euros.
Valencia es una de las ciudades donde más caro cuesta subir al autobús urbano. Supera, por ejemplo, a Madrid. No importa que el paro aumente o haya deflación; su tarifa siempre asciende. Y lo hace con una sorprendente resignación del cliente habitual y del esporádico.
Más aún, las excusas injustificables del citado concejal Novo calan entre los periodistas habituales de la información municipal como lógicas y comprensibles. Inaudito. Afirma que, a cambio de la subida, el usuario dispondrá de la opción de realizar todos los trayectos que desee durante una hora. Menuda innovación. Esta posibilidad ya se aplica desde hace lustros en incontables ciudades de todo el mundo. Además, por un precio inferior al euro y treinta céntimos y el periodo de tiempo de alarga, en algunos casos, a los noventa minutos.
El argumento ha quedado totalmente obsoleto. Además, no afecta al conjunto de usuarios ni a quien tan sólo, como ocurre en la actualidad con la mayoría de los clientes, pretende realizar un trayecto. Por tanto, si un vecino sube a la línea dos para desplazarse de la Plaza de España con destino final el puerto, ¿por qué ha de pagar cinco céntimos más de euro? Si acaso debería de sufragar un billete más caro quien avise que va a realizar varios desplazamientos en una hora aunque, como digo, esa opción ya existe en otras muchas ciudades sin que suponga un incremento de la tarifa.
Qué obvio afirmar que sólo con realizar un segundo viaje ya compensan esos cinco céntimos de más. Será para quien lo haga, claro está, que representa una inmensa minoría entre los viajeros diarios. Además, Novo, con toda la tranquilidad del mundo, indica que el incremento de la tarifa responde a la subida del IVA, del crudo y del IPC.
Al igual que ocurre con muchos negocios, debería de asumirla la empresa prestataria del servicio en una situación de crisis como la actual. La cotización del crudo, por su parte, sufre oscilaciones al alza y a la baja. El billete de la EMT (Empresa Municipal de Transporte), por contra, nunca se rebaja. Y el Índice de Precios al Consumo (IPC) permanece prácticamente estancado desde hace año y medio.
El Ayuntamiento de Valencia reincide, un año más, en el aumento de cinco céntimos en el precio del billete del autobús urbano. Poco le importan el paro, la crisis o toda la caterva de males que sufren los empobrecidos ciudadanos. Novo se inventa cuatro excusas para atenuar el daño del abuso y aplica este despropósito en el mes que puede pasar más desapercibido.
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La EMT de Valencia es de las empresa de transporte público urbano más caras de Europa, cuando el servicio que prestan es vergonzoso (como joven soy consciente en primera persona). El problema de todo esto vuelve a ser lo que caracteriza a estos gobiernos de derechas que se sientan en los sillones y se fuman unos puros para celebrar que ya han ganado y que pueden hacer lo que les de la gana, y es la pésima gestión de cualquier tipo de servicio público que se preste, sea necesario o secundario, sea muy solicitado o menos, sea fundamental tanto para quienes residimos aquí como para gente de fuera. Es lamentable, y lo más sorprendente es que sigan ganando elecciones. Todo un caso de Cuarto Milenio.