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Falsa ciencia

Por Rosario Fombuena

Afirma Pablo Kreimer, sociólogo de la ciencia, que los científicos son humanos. En estos momentos estoy haciendo un minuto silencioso de reflexión para sopesar detenidamente esta afirmación y ver si comprendo el sentido oculto de la misma. Ninguna pega, hasta aquí estoy de acuerdo. Sigo leyendo a este argentino empeñado en averiguar las relaciones sociales que existen dentro de los laboratorios de medio mundo y averiguo que Kreimer afirma que las pautas de comportamiento de un laboratorio son similares a las de cualquier tribu, hay conflictos, luchas de poder y búsqueda de prestigio.

Se supone que la ciencia es una profesión como cualquier otra y como tal tiene un conjunto de normas de funcionamiento. Nada que ver con esa imaginaria colectiva que tenemos de los pobres científicos como seres planos, absorbidos por su trabajo y con nulas dotes sociales. Una de las características de las comunidades científicas es quizás su desarrollado sentido de prestigio social y los mecanismos para su construcción. No es lo mismo investigar en una institución que en otra, también importa si se es discípulo de un científico de prestigio y por último es muy relevante la cantidad de artículos publicados y el medio que ha recogido las investigaciones. En suma se trata de demostrar que se es más válido que la competencia para asegurarse un estatus.

Esta loca carrera por destacar provoca irremediablemente la aparición de los fraudes. Se inventan y manipulan datos o se plagia a los colegas. Algunas estadísticas afirman que los casos de “errores involuntarios” afectan al 1% del total de la producción científica mundial, pero determinados casos han trascendido al ámbito exclusivo de la ciencia y han llegado al mundo de los humanos. Sonado fue el caso de la falsa clonación de células madres del surcoreano Woo-suk, o el de los químicos americanos Pons y Fleischmann quienes afirmaron haber descubierto la fusión fría.

La ciencia ha puesto en funcionamiento una serie de medidas de control que intentan impedir estos aparentes descubrimientos espectaculares que resultan ser verdaderos fiascos. A pesar de estos mecanismos se siguen produciendo actuaciones científicamente fraudulentas que provoca la desconfianza de la sociedad que observa con incredulidad estos actos como de opereta. Ahora la etiqueta de “demostrado científicamente” no es sinónimo de certeza empírica sino de que algún laboratorio ha sido subvencionado por el fabricante. Como dijo Wagensberg: “La verdad requiere rigor, la mentira imaginación”.

 


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COMENTARIOS
Alban17/05/2010  05:24:05

Interesantes apreciaciones. Pero ahora, en sentido contrario, me hago yo la siguiente pregunta: cuántos avances anteriores han caído en el olvido hasta que posteriomente algún sagaz científico se apropia de la idea. Ejemplos hay varios: los avances en la corriente alterna que se apropió T. Edison de un investigador de origen albanés o la máquina de vapor de Wats.

rouco27/05/2010  07:10:32

Pues si Rosario, els cientifics som persones...o això crec que jo. Ara mentires hi han en tots els llocs, no hi cap profesió que es lliure...ni la de cura.

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