| Gran Vía en Madrid vs B. Ibáñez en Valencia |
Llevamos una semana en la que, hasta que Gürtel, Garzón, Messi, Matas y compañía han venido en nuestro rescate, sólo ha habido un asunto del que los medios nacionales –también los republicanos- se han ocupado de forma unánime: la Gran Vía. La de Madrid, por supuesto. No la de Valencia, o la de Bilbao o la de Alicante, no, de la madrileñísima Gran Vía que ha tenido el honor de ser visitada por los Reyes con ocasión de la celebración de su primer centenario.
A mí, la verdad, me parece una calle grande como otra cualquiera, quizá con algún cine y hotel más que otras de color azul oscuro en el Monopoly (ésta, por cierto, no llegaba a tanta categoría en el tablero de ese juego), ah, claro, y en este caso también con la sede central de la cadena Ser, eso sí. Pero viene a ser poco más que la calle Colón de Valencia, la Rambla de Alicante, o el Paseo de Gracia en Barcelona, por poner unos pocos ejemplos.
De todas formas, sobre lo que yo quería hoy poner el acento al calor de tanta celebración es en el origen de esa avenida, que oí el otro día en alguno de los reportajes de televisión que han resucitado a Alfredo Amestoy (a Iñigo parece que le revive la competencia hasta para resucitar mediáticamente) que fue polémico porque hubo que expropiar edificios y viviendas para abrir una calle que no existía. Incluso sacaron imágenes sepia -y las comentaron- de manifestaciones de protesta de los vecinos, en buen número por cierto.
Pero todos los narradores concluyeron los respectivos reportajes conque el progreso para la mayoría (de la ciudad) se impuso a las razones de la minoría (de afectados directos). Y, qué quieren que les diga, no pude por menos que acordarme de la polémica del Cabañal, que no es sino la de la apertura de una nueva Gran Vía valenciana, y que en una de esas teles nacionales (no republicanas) no fue tratada precisamente con el halo de modernidad de su pariente madrileña sino abriendo el noticiero con la violencia de un desalojo forzado a todo color. Quizá haya que esperar cien años.
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Vicent, fa cent anys es feien estes coses. S´hi assolaven muralles i es piconaven cases per a traure avingudes rectes com la de l´Oest o el carrer de la Pau, o places com la de la Reina. Hui es poden fer recordatoris historicistes més o menys acrítics d´allò, talment com es commemoren batalles que, de segur, ningú voldria que es repetiren. Perquè, vistes amb ulls contemporanis estes actuacions urbanístiques són bestieses "desarrollistes". Per què no portem -per la mateixa regla de tres- l´avinguda de l´Oest, que es va quedar a mitges com Blasco Ibáñez, fins a Na Jordana?