| Reflexiones falleras |
Las fallas sirven para reflexionar. Y ya no me refiero a las frases que adornan las caricaturas de nuestros famosillos en los monumentos, que también lanzan dardos dignos de debate, sino por las ideas que aporta la fiesta en sí. Para empezar permiten observar a nuestros congéneres y la facilidad con la que compran aquello que se cruza en su camino, ya sean petardos, buñuelos o cubatas.
Los puestos de los churros estándar, chocolateados, porras y otros derivados, además de buñuelos, por supuesto, han ocupado cada esquina de Valencia. ¿Qué ha supuesto esto? En primer lugar, que la ciudad oliera a fritanga. Y en segundo, que nos ha ayudado a valorar la calidad de las elaboraciones de nuestros clásicos: plaza del Collado, Santa Catalina, Fabián,… Mucha cantidad en general pero poca calidad.
Otro detalle a anotar para el recuerdo: las colas ante las tiendas especializadas en petardos, incluso con un guardia de seguridad organizando a los ávidos compradores. No deja de sorprender la gracia que encuentran algunos a encender una mecha y escuchar un ruido más o menos atronador.
Un año más, y aquí no hay crisis que valga, cada comisión ha querido tener su falla, por muy diminuta que resulte. Eso de la unión empresarial no acaba de encajar en este mundo josefino. Desde fuera parece más fácil, barata y práctica una fusión entre dos, tres o cuatro para crear un monumento más imponente en lugar de tantos diseminados. Pero la lógica no manda en este sector, aunque haya alguna excepción.
La ofrenda preserva su emotividad para quien hace precisamente eso, ofrendar a la Virgen, mientras que para el resto queda admirar la habilidad de conjugar tantos miles de ramos en una perfecta escultura floral. Algo similar ocurre con la mascletà. El agobio de acumulación de gente tan sólo compensa cuando se escucha un estruendo prolongado y rítmico. Parece una incongruencia. Y por eso tiene más mérito.
Total, que con las fallas ardiendo pensamos que tan sólo queda una semana para el cambio de hora y para que el día alargue más, el frío empiece a difuminarse y el calor comience a reinar en nuestro día a día. Desde luego, la fiesta da para muchas más reflexiones, pero ya las dejo para la intimidad o las tertulias de café o cerveza de cada uno.
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