Desconfío, desconfío del gobierno, de su sinceridad sobre el sistema de pensiones. Empiezo a temer y ojala me equivoqué, que no está garantizado durante las próximas dos décadas como se empeñan en decir, proclamar estos días desde todas las áreas del ejecutivo. No me explico sino cómo, con la que está cayendo, lanzan semejante órdago sobre las maltrechas economías españolas. Como estrategia política, con todo lo que se están jugando, sobre todo con las elecciones autonómicas, a la vuelta de la esquina, es nefasta, como debate, inoportuno.
Recuerdo un día, no tan lejano, diferentes ministros y cargos del partido socialista, ya en el poder, se negaban a reconocer ningún síntoma de crisis económica en nuestra economía, llamaban insistentemente a la tranquilidad, muchos les creyeron, el gobierno que había mentido, ocultado, retrasado la verdad sobre la autoría del 11-M y sobre las armas de destrucción masiva de Sadam era otro y perdió unas elecciones precisamente por aquella falta de ética y responsabilidad.
El partido socialista ganó sus segundos comicios consecutivos pero perdió algo que todavía hoy no ha recuperado y cada día, si cabe, pierde un poco más, la credibilidad, la confianza de un país. Poco después de los tranquilizantes mensajes y somníferos suministrados por el gobierno socialista a la opinión pública, estalló la mayor crisis económica de los últimos 80 años. Por supuesto, que muchas de sus manifestaciones eran difíciles de prever pero creo sinceramente que había muchos síntomas internos y externos que hacían presagiar una tormenta como la que ha estallado en todo el mundo.
Aquel antecedente no me invita al optimismo, su gestión de la crisis, tampoco, sus pronósticos han sido muchas, demasiadas veces, erróneos. Lo peor es que tampoco confío en la oposición, en nadie y esa falta de fe, de confianza en nuestros políticos, me preocupa. Me preocupa y me disgusta que encima nos llamen irresponsables por cuestionarnos la necesidad actual de abordar la reforma de las pensiones. Tengo derecho a cuestionar, criticar, sospechar porque, en ocasiones, los irresponsables parecen ustedes no estando a la altura del momento, del difícil momento que vivimos, con reuniones estériles como el vodevil de los últimos días que sólo sirven para mantener sus estrategias políticas en lugar de sacarnos de una situación, en la que tanto unos promoviendo, otros permitiendo, nos han metido.
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