La mayoría de las veces, por no decir siempre, sentimos apego a objetos por el recuerdo que tenemos asociado a ellos, olvidando que en verdad son meros objetos. Por ejemplo, un libro, un ipod, una casa…
Este mes se marchó Fran, sin billete de vuelta, después de más de diez años viviendo en Valencia. Fue tan repentina la decisión que aún no lo tengo asumido. Como sólo podía llevarse 20 kilos, montó un día de mercadillo, la voz se corrió y nos encontramos amigos de amigos de amigos. Resultó ser un mercadillo muy interesante, lleno de recuerdos.
El caso es que unos colegas se sintieron un poco defraudados al encontrarse en venta regalos que le habían hecho. Esta reacción me hizo pensar: ¿no estará siendo más complicado para Fran el tener que vender estas cosas? ¿Cómo es posible que el apego a lo material haga que tengamos reacciones tan egoístas? Y me vino a la cabeza “El libro tibetano de la vida y de la muerte” de Sogyal Rimpoché.
Nosotros, gracias a nuestra mente, creamos el valor sentimental del objeto, vivimos atrapados por nuestros deseos, luchamos por lograr una felicidad que cuando alcanzamos dejamos de disfrutar por miedo a perderla, nos programamos tanto que nos cuesta llegar a ser libres.
Igual deberíamos ser conscientes de que somos seres individuales, que felicidad va unida a sufrimiento, que la vida va unida a la muerte y que el amor no es igual que el querer, porque querer es poseer y el amor sólo puede existir en libertad. Todo tiene un inicio y un final, tanto en lo material como en lo personal. Pensamiento ligado inevitablemente al existencialismo, pero que visto desde otro prisma, como el que aparece en el libro que os propongo, puede vivirse con generosidad, sin perturbaciones mentales como el apego y el orgullo.
Le compré dos Black&Decker, un taladro y una sierra, je ¡por sólo 20€!… Cada vez que las use, no podré impedir recordar sensaciones y momentos vividos con Fran. Pero, tan sólo son meras herramientas, y si las presto y se rompen o pierden, no pasa nada grave, como con la mayoría de las cosas. Mientras, seguiré acordándome de él sin necesidad de nada material.
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im-presionante!
folosofando voy, filosofando vengo y por el camino con los recuerdos me entretengo.. apuntamos propuesta literaria.. y un nos preguntamos cómo estará Fran ahora.. sin sus cosas materiales pero seguro que con un gran puñado de buenos momentos en la mente compartidos con aquellos a quienes tuvo que vender sus cosas.. mua! :)