| Campaña electoral |
La cercanía de los comicios municipales y autonómicos azuza los ánimos de determinados políticos y su pretensión de inmiscuirse en el desarrollo de la labor social de los medios de comunicación.
La nueva ley electoral que obliga a las televisiones a emitir más o menos información de un partido en función de sus votos ha supuesto de por sí una primera punzada de esa intromisión. La segunda ha consistido en la reclamación, emitida y retirada casi de inmediato, del PP de la Comunidad Valenciana ante la Junta Electoral Provincial por el tratamiento televisivo en la presentación de sus candidaturas.
En las semanas que restan hasta el 22 de mayo corremos el grave riesgo de sufrir nuevas declaraciones y acciones que traten de coartar o influir en la independencia editorial de cada medio de comunicación. Y esas presiones pueden llegar desde el presidente de una autonomía o desde el último componente de la lista de un partido minoritario que recurra al clásico tópico de “es que los medios no nos hacen caso”.
Durante estas semanas la sociedad permite que los políticos enfoquen toda su atención en la campaña electoral y se descentren del principal cometido de algunos de ellos: gobernar. Dejan aparcada la gestión para la que les hemos votado y dedican esfuerzo e intelecto a luchar por prolongar su tiempo de poder o por arrebatárselo a su contendiente. Nadie se lo reprocha.
Que ellos actúen igual. Que dejen a los responsables de cada medio de comunicación decidir qué es noticia y cuánto espacio (en tiempo o extensión) le dedican. Que respeten la profesionalidad de los periodistas y los criterios de cada empresa informativa para adoptar sus determinaciones. Y que las acaten.
Los periodistas y los medios para los que trabajan ejercen de testigos activos que trasladan aquello que sucede en esta contienda, que lo relatan. Ellos, desde fuera, y la Junta Electoral, desde dentro, contribuyen a que las refriegas no superen los cauces estipulados y que el camino hasta el 22 de mayo transcurra con la mínima acritud posible.
Por tanto, respeto y moderación. Que cada cual se centre en lo suyo: unos, en tratar de ganar las elecciones a las que se presentan; los otros, en informar de cómo se desarrolla y concluye todo el proceso.
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La relación que hay es empresarial. Empresarios que luego reciben favores políticos, y políticos que reciben favores econòmicos. Es eso lo que hay que romper y para ello ni PP ni PSPV sirven. Son dos proyectos del sistema, que están manchados después de tanto y tanto tiempo de mangoneo a nivel municipal, autonómico y estatal. Los medios como Levante y Las Provincias hacen gala de sus más bajas artes convirtiéndose en panfletos para el PSOE y el PP respectivamente. Además la barrera del 5%, única en la Comunitat Valenciana, nos muestra que todo son complicaciones para la democracia. RTVV, medios públicos y privadas unidos, todos en contra del ciudadano para hacer lo más difícil posible que la gente de la calle, donde residen la soberanía de los valencianos, que el día de las eleccions estén tan confusos que por inercia acaben o no votando o votando a las dos fuerzas que mueve el miedo y la ignorancia, el PP y el PSPV.
Els mitjans de comunicació tenen una responsabilitat social que no assumeixen. És trist que s'hagen d'imposar els temps en funció de la representació, però és que sense això alguns opcions polítiques mai apareixerien als mitjans. De fet, fixeu-vos en el tractament que es fa en eixos temps marcats de les distintes opcions, i si a algú se li ha ocorregut parlar, de manera afegida, d'algun partit que no té representació, per allò de ser plurals i representatius. No hi ha ètica als mitjans de comunicació perquè no hi ha vertaders professionals als mitjans, i per això cal vigilar-los.