| La responsabilidad del voto |
He oído muchas veces frases del tipo “yo no soy socialista; por tanto, aunque no me guste el PP, no podría votar al PSOE”. Siguiendo el mismo razonamiento, uno podría decir “yo nunca he sido racista, por lo que no podría votar al PP; menos, en Cataluña”. Vale, el carácter xenófobo de algunas propuestas no define todo lo que significa el PP. Igual que muchos podrían decir (no sin motivos) que al PSOE le queda de socialista la “S” de las siglas.
Me vino a la cabeza esta reflexión el otro día, durante un debate con los participantes en un curso de voluntariado. El tema de la jornada eran los derechos humanos, y en la discusión surgieron ejemplos como el conflicto saharaui, el Plan del Cabanyal o la política de inmigración que el PP lleva en su programa electoral en Catalunya. Una persona sugirió que el racismo y la xenofobia son elementos característicos del electorado del PP, algo que otra criticó, con cierta razón, porque no todos los votantes que se sientan identificados con unas determinadas siglas, piensan necesariamente lo mismo sobre propuestas concretas de ese partido.
Pero entonces, ¿ya está? ¿Aquí se acaba todo? Yo, como ser humano, individual y colectivo, tengo por el solo hecho de haber nacido una serie de derechos (también individuales y colectivos) que tú, Gobierno estatal, regional o local, Administración pública, Comunidad Internacional, debe garantizarme. Sin duda. Pero yo, sujeto de esos derechos, también tengo una responsabilidad respecto a éstos: la de reclamarlos en justicia, para mí y para los demás.
Una de las herramientas para ejercer esa responsabilidad es el voto. Pero no es el último peldaño de la escalera. Sobre todo, si del resultado de ese ejercicio no surge una política que satisfaga mis derechos y necesidades, o los de mi comunidad, porque no se hayan cumplido las promesas electorales. Y mucho más, si he votado a un partido a pesar de estar abiertamente en desacuerdo con algunas de sus propuestas electorales, que figuraban en su programa de gobierno y eran conocidas.
No pretendo culpar a los votantes del PP, en este caso (habrá ejemplos de todos los colores), de que las instituciones que gobierna crean que el voto es un cheque en blanco para ignorar los derechos de los ciudadanos (como las propuestas sobre inmigración en Cataluña) e, incluso, la ley (como el Plan del Cabanyal). Además, nunca tenemos por qué estar de acuerdo con todo el ideario del partido al que votemos, puntual, habitual o mecánicamente. Imagino que se trata de una cuestión más de coherencia personal que con ese partido en concreto. Por eso la responsabilidad va más lejos de meter un papelito en una urna cada cuatro años. Y los partidos, además de ser conscientes de los derechos básicos de todos los ciudadanos a los que aspiran a gobernar, deberían poner en marcha los mecanismos que permitan la retroalimentación más allá de la autocomplacencia.
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Tens més raó que un sant, però sóc molt pessimista pel que fa a la possibilitat que els partits (i més encara els grans) siguen mai veritables representants dels interessos i els anhels dels seus votants i menys encara d'alguna mena d´interés general. Cada vegada més són màquines electorals de captació de vots que aspiren al poder pel poder. El PP ja ho és i el PSOE porta eixe rumb i mentre es continuen repartint el poder no veig que tinguen massa incentius per a obrir eixos mecanismes de retroalimentació contra l´autocomplaença que reclames. Benvinguda a PV.
Hola Marina desde la distancia ideológica, la cercanía personal y el respeto profesional, quiero en primer lugar felicitarte por tu artículo. Empezaré por lo que comparto, y lo hago hasta el extremo de que modestamente trabajo por llevarlo a la práctica día a día. Creo sinceramente que el sufragio es un elemento decisivo que completa los Derechos Políticos o Cívicos de las personas pero que es sólo un elemento, fundamental pero que queda vacío si no se articulan conductos de carácter transversal ( asociaciones, foros etc… ) para canalizar las inquietudes y necesidades de la sociedad civil ( entendida como ámbito privado ) que debe actuar de vigilante en cuanto al cumplimiento de los derechos y libertades y orientador de las instituciones de ámbito público y de los partidos políticos que si bien privados jurídicamente el devenir de los acontecimiento los ha ido institucionalizando. Debo poner de manifiesto por el contrario mis divergencias. Se me antoja difícil de asimilar por mas que lo intento, que puedas calificar de racista o xenófobo al Partit Popular de Cataluya en sus propuestas, así como el plan cabanyal como un cheque en blanco que arrolla derechos y libertades. En relación a la primera cuestión, y desde un compromiso personal por la integración de las personas foráneas, no considero racista en ningún caso poner de manifiesto los problemas de convivencia allí donde se produzcan. La experiencia viene a demostrar que la congelación de estas cuestiones políticamente incorrectas no hace mas que fomentar la distancia entre gobernantes y gobernados haciendo que estos se alejen de las instituciones democráticas y de derecho y puedan caer en la tentación de conductas que mal creemos superadas. Políticas realistas son las que precisan estas cuestiones y a su vez desde una defensa no solo de palabra sino de hechos de la integración y participación de la vida civil y pública de las personas inmigrantes. Durante algunos años en España se estuvo agitando irresponsablemente la bandera del todo vale sin tener en cuenta las consecuencias de la falta de tratamiento realista de la cuestión migratoria y hoy algunos de los que agitaban esa bandera aprueban circulares de emergencia para premiar por objetivos las comisarías que tramiten mas expedientes de expulsión de extranjeros vulnerando ahí si a mi juicio los Derechos inherentes a las personas que debieran ser la referencia primordial de cualquier política migratoria seria. Un cordial saludo y encantado de leerte en Periodistas Valencianos.