| Desfase en Polop |
No deja de impactarme, como simple lector, el seguimiento policial y periodístico del asesinato del último alcalde electo de Polop, Alejandro Ponsoda. Cierto es que en cuanto emergió públicamente la figura de su sucesor, Juan Cano, llorando el drama, ya generaba desconfianza. Su aspecto dice mucho de este último y responde al típico -y supuesto, claro, hasta que se demuestre lo contrario- político corrupto al que te basta con una sola mirada para no poner ni una uña al fuego por él. Vamos, que si te dicen que tiene una saco con billetes de 200 euros en su casa de cobro de comisiones a constructores te lo crees a la primera.
El perfil de Cano parece responder con creces al de tantos políticos con los que te cruzas a lo largo de la carrera profesional periodística. En todos los equipos de gobierno -o en la mayoría- te topas con el concejal laborioso que se reúne hasta con el último vecino y supervisa la farola más alejada del polígono sin tener casi ni media liberación.
Pero también con el clásico desaprensivo al que hueles a distancia. Por su comportamiento -suele sumar prepotencia e ineficacia- presupones que no tendrá tapujo alguno en meter la mano en la caja que sea necesario o en pedir las comisiones que haga falta al contratista municipal de turno. Algunos incluyen a su personalidad la vanidad del nuevo rico.
Desde luego, a todos ellos les importa medio comino su pueblo, sus vecinos, su partido o sus compañeros de gobierno u oposición. Suelen ser poco queridos y más bien temidos entre ellos. Su único afán consiste en que el alcalde de turno les otorgue la Concejalía de Urbanismo, preferiblemente, o, de no ser así, alguna otra en la que puedan medrar a su antojo y contratar sin pasar filtros. Para ello no tienen empacho alguno en recurrir desde a cohechos hasta chantajes.
Por desgracia, en la época de auge económico y barra libre en el gasto de la que venimos han proliferado como setas. Han hecho lo que han querido con total impunidad. Pero Juan Cano ha superado todos los límites, si es que se demuestra -como parece que va camino- que fue quien ordenó acabar con la vida de su antecesor. La codicia no tiene límites.
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Buen artículo hablando como se que hablas desde la experiencia que te avala. Enhorabuena!