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30 años a la sopa boba

Por Quique Martínez

La trama Pretoria que ha azotado a varios ayuntamientos catalanes ha dejado al descubierto lo que todos en la Comunitat Valenciana conocíamos desde hace décadas, la vinculación del supuesto editor Eliseu Climent con las administraciones catalanas traducido en un reguero de millones de euros, favores y persecución contra los intereses de los valencianos.


Eliseu saltó a la fama gracias a los repetidores ilegales que colocó en la Comunitat para que se viese TV3, y de la mano de Jordi Pujol se convirtió en el embajador del catalanismo en tierras valencianas, eso sí, a golpe de chequera que pagaba Banca Catalana. Porque si una cosa ha aprendido Eliseu es que el catalanismo, por encima de una ideología, es un negocio muy rentable si sabes camelarte a los que tienen la pasta.


Se acabó el pujolismo pero no su negocio. Climent sacó dinero de Maragall, de Montilla, de la Caixa Catalunya de Narcís Serra y hasta del FC Barcelona, algunas de estas ayudas rozando la irregularidad, como los pagos de 23.000 euros que le hacía la conselleria de Bienestar de Cataluña bajo la partida de “gastos extraordinarios de secretaría”.


Pero el caso Pretoria ha dejado en evidencia una cosa todavía más grave. Que el modus operandi que usaban los ayuntamientos del caso Pretoria para subvencionar a Climent es exactamente igual que el que utiliza el Ayuntamiento de Elche: contratos de 10.000 euros copiados a los que sólo se les cambia el objeto de la subvención y la entidad beneficiada (siempre vinculada a Climent).


El PSPV calla porque Climent mantiene una simbiosis con la izquierda valenciana, a la que da cobertura llenándoles actos a cambio, como no, de subvenciones. Por citar un ejemplo, ACPV empleó una ayuda de 3.049 euros del Ayuntamiento de Barcelona para fletar cinco autocares que trasladaron a varios asistentes a la manifestación en contra del PP celebrada el 5 de mayo de 2007 en Valencia con el lema “Ja n´hi ha prou”.


Eliseu Climent es uno de los personajes más oscuros de la política valenciana. Un chico listo que vive de la sopa boba del catalanismo. Una referencia de la decadencia de la izquierda valenciana que juntándose con personajes así sólo consigue alejarse todavía más de la sociedad.

 

* Quique Martínez es licenciado en Periodismo y secretario de Comunicación en Nuevas Generaciones del PP de la provincia de Valencia


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