Las imprentas están que echan humo ante el aluvión de noticias de última hora de gran calado nacional: el juez Garzón se sentará finalmente en el banquillo por querer investigar los crímenes del fascismo español; se reabre la causa de los trajes que Gürtel regaló al ya cadáver político de Francisco Camps, confirmándose además la presunta financiación ilegal del PP valenciano; y ahora el PSOE, cuando más faltaría una salida socialista a la crisis económica, confunde a todo el mundo con sus duras y controvertidas medidas.
Tras expulsar del proceso judicial al partido fascista Falange, el juez del Tribual Supremo, Luciano Varela, sigue empeñado en acusar a Garzón de prevaricar “pretendiendo favorecer a las víctimas de la Guerra Civil”. Debemos recordar en este punto, que la ley de Amnistía de 1977 se hizo para los represaliados y encarcelados, para los torturados, no para lavarse las manos los torturadores y represores. Pedir justicia para cerrar viejas heridas no es lanzar un discurso “guerracivilista”, es un acto de dignidad humana que en cualquier país democrático con un pasado negro se ha respetado y se entiende como lógico. ¿Por qué en España no?
Y hablando de Justicia, parece que la lacra de la corrupción política en el País Valenciano, que pudre las instituciones valencianas con el president de la Generalitat a la cabeza, será finalmente investigada, perseguida y condenada de una vez.
Todas las pruebas señalan que ha habido una clara financiación ilegal del PP en Valencia, que se han lucrado a costa del dinero de la gente y que la mugre de Gürtel se ha expandido como una gran infección por todo su partido. Los trajes de Camps, dobles facturaciones, regalos y dinero negro van a continuar siendo noticia diaria en Valencia durante mucho tiempo.
Por su parte, el Gobierno socialista de España se ha visto obligado desde Europa, ante los mercados y la grave situación de crisis a tomar medidas polémicas y difíciles para salvaguardar el equilibrio económico del país, unas medidas que van a dar mucho de qué hablar por su difícil defensa desde un discurso socialista y de izquierdas pero que, esperemos, se maticen, expliquen y consigan realmente recuperarnos de esta crisis inmunda en lugar de hacer que seamos precisamente quienes la estamos sufriendo más, quienes la acabemos pagando.
* Carlos Manzana es estudiante de Psicología y militante de JSPV-Valencia y Campus Jove
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