| El bueno, el feo y el malo |
Seguro que saben a quién me refiero. Banega, Llorente y Unai han sido los tristes protagonistas de los últimos despropósitos de la actualidad valencianista. ¡¡Cuántas alegrías nos están dando últimamente estos tres fenómenos!!
Empezó el Feo, don Manuel Llorente, y no por el físico, no me vayan a malinterpretar. Feo, el que ha vuelto a hacer a los socios exprimiéndoles más, si cabe, al cobrarles unos precios desorbitados por las entradas del partido de Champions contra el Glasgow.
A todos los que hicimos el esfuerzo de sacarnos la entrada se nos cayó el alma a los pies cuando vimos Mestalla medio vacío en un partido en el que el Valencia se jugaba la vida, deportiva y económicamente.
Ahora anuncia que los que se sacaron el bono de los tres partidos tendrán derecho a otra entrada gratis. Y a los que no lo hicimos por ahorrarnos unos euros tras el gasto de los dos encuentros de Champions, del pase y de la compra de acciones, que nos den!! Más que un feo, parece una burla a los abonados.
Después, sale a la luz la última bacanal del gran Éver Banega, el Bueno, aunque no sabemos a qué es más bueno, si jugando al fútbol o al durito. Al argentino le gusta más la juerga nocturna que a Chimo Bayo y lo volvió a demostrar el pasado sábado por la mañana cuando llegó en taxi altamente perjudicado al entrenamiento previo al partido contra el Sevilla y devolvió hasta el agua de los floreros en los vestuarios. Con Éver llueve sobre mojado. Y lo peor de todo, lo más triste, es que sabe jugar al fútbol y que el juego del equipo depende en gran medida de su rendimiento. ¿El castigo por su comportamiento? Una sanción económica y el próximo partido a jugar. ¡Y no pasa nada!
En ese simulacro de castigo ha tenido mucho que ver el Malo, Unai Emery. Malo porque en tres años le han faltado al respeto varios jugadores y no ha sabido imponer su autoridad. Por poner un ejemplo, a Pellegrini no le tembló el pulso a la hora de dejar fuera del grupo a Riquelme, su jugador más importante. Seguro que el juego del Villarreal se resintió, pero al menos logró el respeto del resto de la plantilla.
Y malo, además, por su última exhibición táctica ante el Sevilla. El partido lo empezó bien, con una alineación correcta y con cada jugador en su sitio, algo poco habitual en él. A partir de ahí, es verdad que el árbitro condicionó el choque con esa expulsión que sólo él vio. Pero no es menos cierto que Emery no supo tapar el agujero que había en el medio del campo teniendo a Tino Costa y a Albelda en el banquillo. El técnico, quizás influenciado por las últimas críticas, pecó de valentía en el momento menos indicado para serlo. Esa valentía ofensiva la eché de menos contra el Mallorca o el mismo Sevilla en anteriores duelos, pero no jugando en su estadio con uno menos en el centro del campo desde el minuto 25 de la primera parte.
Esperemos que esta penosa película (nada que ver con la auténtica) haya terminado y que el club y el equipo vuelvan a la senda de la normalidad ganando este jueves contra el Logroñés y el próximo domingo contra el Getafe. De lo contrario, Unai estará poco menos que sentenciado y un cambio de entrenador a estas alturas no suele ser buena noticia.
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