| La ruleta de Anders Svensson |
Mundial de Corea y Japón. Año 2002. Suecia se enfrenta en octavos de final a Senegal, por entonces con jugadores que estaban prestando un alto rendimiento como El Hadji Diouf, Henri Camara o Bouba Diop.
El marcador refleja empate a uno al final del tiempo reglamentario. Corrían los extraños tiempos del polémico Gol de Oro. En el minuto cinco de la primera parte de la prórroga, Anders Svensson, centrocampista sueco, recibe la pelota dentro del área.
A sus 26 años, Svensson estaba en pleno crecimiento futbolístico. Había dado el salto de la Allsvenskan (1ª división sueca) a la Premier League firmando por el Southampton. Jugador fuerte, de buen toque, destacaba en las acciones a balón parado. De hecho, le había marcado en la primera fase un golazo de tiro libre a Argentina.
La pelota le llega blanda de un rechace –tal vez algo mordida- y su control con el interior del pie derecho no termina de ser bueno. Demasiado tocado, el balón no se envuelve y se aleja… un defensor senegalés se acerca a tapar a la desesperada… Y ¡zas! El lío está hecho.
Lo admirable del jugador nórdico -más que el recurso- es su manera de resolver la acción. Por eso me enamoré de esta ocasión fallida. Los futbolistas trasmiten su carácter o, como mínimo, su estado de ánimo, en el transcurso del juego. Esto se ve reflejado especialmente en la forma de definir ante la portería.
Ahí se hizo grande Svensson. “Salgo de la ruleta y ¡pum! Os mando a Senegal de este pelotazo”. Eso debió pensar. Los futbolistas conocían –y temían- la tragedia del Gol de Oro. Sin embargo, era, a su vez, la manera más dulce de marcar el ‘gol definitivo’. Svensson lo sabía… claro que lo sabía. Por eso salió del molinete y vio abiertas las puertas del cielo. “Nunca seré más grande que hoy”, se dijo, tal vez.
Puedes definir de interior a un palo, a otro, puedes volver a quebrar… No obstante, Svensson era consciente de sus cualidades como jugador técnicamente dotado para el golpeo -aunque no destacadísimo-, y no lo dudó: la rompió.
Sólo le quedó el inolvidable sonido de un balón que choca contra el palo y la exclamación de un público admirado. El sueco le pegó durísimo, a morir, no quería medias tintas: tras la ruleta sólo le valía marcar con un tiro por la escuadra que rondara los cien kilómetros por hora. Enmudecer a medio estadio y a un país entero. Sentir el poder del que arrasa con la ilusión de millones de personas y el orgullo del que hace gritar de alegría a toda su nación. Emborrachado por ‘su’ momento, no fue egoísta, parió lo mejor de sí y lo dejó correr… Simplemente maravilloso.
En el minuto 13 de la prórroga, Henri Camara dribló a su par y, en buena acción individual, marcó el Gol de Oro que dio a Senegal el pase a cuartos de final del Mundial. Curiosamente, Turquía eliminaría a la selección africana de la misma manera con un tanto de Ilhan Mansiz (sería el último gol anotado de estas características).
Anders Svensson volvió en 2005 a Suecia para jugar con el IF Elsborg, el equipo de su vida. Conquistó una liga y una copa. La pasada temporada, ya con 33 años, firmó por el Blackburn Rovers hasta 2013.
Los amantes del fútbol, sin embargo, le recordaremos por estos 20 segundos.
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