“Sólo me causa tristeza que unos y otros hayan perdido la fe en la esencia del periodismo”. Lo afirma Antonio Salas, el controvertido y camaleónico periodista que ha publicado `Diario de un skin´, ´El año que trafiqué con mujeres´ y, ahora, ´El palestino´. No acaba de dar crédito a que le atribuyan todo tipo de roles, desde espía al servicio del CNI o del Mossad hasta fraguador de un plan secreto para que el venezolano Chávez y el iraní Ahmadineyad dispongan de bombas atómicas.
Salas ha logrado, a base de pulir perfectamente su coartada, pasar por yihaidista y vivir durante seis años la experiencia de tratar de comprender a alguien que es capaz de destrozarse en mil y un pedazos sólo por matar a un rival. Durante su periplo, tal como ha relatado los dos últimos domingos en Crónica, el suplemento dominical de El Mundo, ha convivido con las FARC, ETA, ICR y todo tipo de grupos terroristas camuflados en la selva venezolana.
Pese a todo el esfuerzo de ingenio y sangre fría, ahora tiene que aguantar cómo en las clásicas tertulias en las que brillan al mismo nivel malos modos e indocumentación elaboren todo tipo de elucubraciones sobre él. Nadie acepta que un simple periodista freelance haya logrado convertirse en el enlace con el célebre terrorista Carlos, preso en Francia.
¿Por qué dudan de la habilidad de un periodista? Ya ha demostrado su pericia para desnudar el mundo de los skin o de la prostitución, por tanto, por qué poner otra vez en entredicho su capacidad. Por desgracia la mayor parte de las dudas provienen de compañeros de profesión, de periodistas de salón que quizás cobren más que el propio Salas por limitarse a opinar de todo lo que les rodea sin más conocimiento empírico que el fabricado por sus propios prejuicios.
El periodismo de Antonio Salas resulta cuestionable, aunque no en el sentido que sus detractores lo enfocan. Desde mi punto de vista la duda radica en la falta de ética que supone hacerte pasar por un personaje ficticio para averiguar una información. Renuncias a presentarte como periodista. Ocultas tu oficio y obtienes unos datos que nunca hubieras recabado sin ese engaño. Ése es el pero que yo objetaría.
En todo caso me parece incuestionable la capacidad de Antonio Salas, un mero freelance como él se define, para completar un documentadísimo libro con sus vivencias. Un buen periodista es capaz de eso y de mucho más.
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